Desde el armario…

Desde el armario.
Nos indignamos cada vez que salta la noticia de un ataque. Y nos quedamos con el odio superficial contra ese hecho. Nos cabreamos, nos manifestamos, reclamamos leyes que penen esas acciones.
Pero lo peor, y eso no lo reclamamos, es que las agresiones LGTBI-fóbicas recluyen a cientos de miles de persones, condenadas a vivir en el armario. La agresión invisible es aquella que no se produce, al igual que la exclusión social que no llega a ser, por que la persona no tiene la libertad de ser quien es, de escoger su camino. El miedo es el mejor agente de control.
El miedo a salir, a significarse, a ser diferente. El miedo no, pánico, a caminar por según donde a según qué horas, sí, pero también el miedo a no ser contratada, a que no te alquilen el piso, a que se burlen y te escarnien por reafirmación de su propia falta de autoestima… el pánico a sufrir discriminación. De eso las mujeres Trans* con escaso “passing” sabemos un rato. Somos expertas en el arte de disimular, de esquivar, de evitar. En el arte de volver a cerrar la puerta del armario.
Y sé que no somos las únicas si no las que más difícilmente podemos invisibilizarnos, y por qué lo sé, también sé que debemos unirnos. Las L, las G, las T, las B, las I, las Q, todas las +, pero además, las gordas, las flacas, las altas, las bajas, las feas, las guapas, las tontas, las listillas, las pobres, las ricachonas… si también ellas si han sufrido discriminación por serlo (cuesta de creer, lo se… pero pasa, y lo escribo con la palabra adecuada para que se note que es así)
En definitiva… Gritemos contra las agresiones, y gritemos más para que sus consecuencias no encierren a millones en el armario por, simplemente, ser lo que son.
Organicémonos por los derechos. Pero no de estas o de aquellas, no defendiendo solo nuestra parcela. Por qué es así como se olvida a quien es más importante, la víctima que no lo es, la que sigue en el armario. Luchemos por la diversidad. De todes.
Atme. Silvia.S.